Michel
Graulich
QUETZALCOATL
Y
EL
ESPEJISMO DE TOLLAN
Estamos en 1519. Tras muchas aventuras y batallas, Hernando Cortés con
su tropa de conquistadores llega por fin a Mexico Tenochtitlan, la poderosa
capital del imperio azteca. Pero allí, no hay lucha. El rey o emperador
Moteczuma le espera y acogiéndole amistosamente, le coloca collares de flores y
le abraza. Luego se le dirige en terminos asombrosos:
TEXTO 1. Sahagún
IV c.16 (1956, 4: 43-44):
¡Oh señor nuestro! seais muy bien venido, habéis llegado a vuestra
tierra y a vuestra pueblo, y a vuestra casa México: habéis venido a sentaros
en vuestro trono y en vuestra silla, el cual yo en vuestro nombre he poseído
algunos días.
Otros señores (que ya son muertos) lo tuvieron antes que yo, el uno que
se llama Itzcoatl, el otro Mocthecuzoma el viejo, y el otro Axayacatl, y el otro
Tizoc, y el otro Ahuitzotl. Yo el postrero de todos he venido a tener cargo y
regir este vuestro pueblo de México, todos hemos traído a cuestas a vuestra
república, y a vuestros vasallos, los difuntos ya no pueden ver ni saber lo que
ahora pasa; ¡pluguiera aquel por quien vivimos que alguno de ellos fuera vivo,
y en su presencia aconteciera lo que acontece en la mía!
Ellos están ausentes señor nuestro, ni estoy dormido, ni soñando, con
mis ojos veo vuestra cara y vuestra persona: días ha que yo esperaba esto: días
ha que mi corazón estaba mirando aquellas partes por donde habéis venido; habéis
salida de entre las nubes, y de entre las nieblas, lugar a todos escondido.
Esto es por cierto lo que nos dejaron dicho los reyes que pasaron, que
habíais de volver a reinar en estos reinos y que habíades de asentaros en
vuestro trono, y en vuestra silla; ahora veo que es verdad lo que nos dejaron
dicho. Seais muy bien venido, trabajos habréis pasado viniendo tan largos
caminos, descansad ahora, aquí está vuestra casa y vuestros palacios, tomadlos
y descansad en ellos con todos vuestros capitanes y compañeros que han venido
con vos.
Cortés
debió de esperar algo parecido al llegar a Mexico. Desde sus primeros
contactos con los indígenas cerca de Veracruz se había dado cuenta de que le
consideraban como el dios Quetzalcóatl. Pero ¿ quién podía esperar
razonablemente que las cosas sucederían de esta manera ? De golpe llegó a
ser el dueño legítimo de un inmenso imperio, era Quetzalcóatl, Serpiente
Emplumada, el rey legendario de los toltecas por fin retornado para recobrar sus
tierras, tal como se esperaba y se temía desde siglos atrás.
Dejemos
de lado la autenticidad del discurso, consignado por escrito varios decenios
después del acontecimiento. El mismo Cortés dejó una versión bastante
diferente de las palabras de Moteczuma (ver Texto 157). Pero el hecho de que
pudiera confundírsele a él, un blanco, un cristiano, con una deidad indígena
fue suficiente para desencadenar las imaginaciones. No importó que
confrontados con seres llegados de otro mundo — como si viésemos desembarcar
extraterrestres, aunque nosotros estuviésemos preparados — los mesoamericanos
tuvieron que relacionarlos con algo conocido. Tampoco importó que las
reacciones hubieran sido parecidas en otras regiones de América y que para
explicar la invasión de los europeos, los autóctonos se hubieran acordado a
menudo de algún ser legendario que pretendidamente hubiera anunciado su
vuelta. A pesar de todo, Quetzalcóatl llegó a ser la figura más
extraordinaria, más fascinante y más conocida de la antigüedad americana. Lo
habían confundido con Cortés; fue utilizado después para explicar, justificar
o glorificar. Serpiente Emplumada les convenía a todos. A los indios les
permitió comprender la foránea intrusión. Más tarde, abiertos los ojos de
algunos, se pusieron a esperar la vuelta del verdadero Quetzalcóatl que
les liberaría del yugo español. Otros, deseosos de darse importancia ante los
españoles, insistieron sobre la santidad y la virtud del personaje y en
particular sobre el hecho de que aborreciera los sacrificios humanos. Un noble
descendiente de la dinastía de los reyes de Texcoco, don Fernando de Alva
Ixtlilxóchitl, incluso insinuó que Quetzalcóatl pudo haber sido Cristo (Texto
13).
A los
conquistadores, por otro lado, les era permitido ver en Quetzalcóatl primero
una prueba del favor divino, y después de la afirmación de algunos de que era
blanco y barbudo, la justificación de su conquista que después de todo no era
sino recuperación. Más adelante ciertos misioneros encontraron en Quetzalcóatl
la respuesta a problemas teológicos perturbadores. Cristo encargó los apóstolos
que convirtiesen a todos los pueblos. ¿ Era posible que se hubiera
olvidado de los indios ? ¿ Y no existen unas notables semejanzas
entre la religión azteca y la cristiana ? Fray Diego Durán propuso una
solución al enigma: el hombre santo y piadoso, blanco y barbudo, debía de
haber sido algún compañero del Salvador, posiblemente Santo Tomás, apóstol
de las Indias según la leyenda. Durán no era muy original puesto que ya en
1515 San Tomás de Meliapor había sido sugerido para un hipotético desembarco
en Brasil (H. Clastres 1975: 28).
Los
amigos de los indios acogieron con favor la teoría de Durán: en efecto, si era
cierta esta primera evangelización, entonces existían menos riesgos para sus
protegidos en ser considerados coma "cristianos nuevos" de segunda
categoría, al igual que los judíos y los moros en España. Probaba además la
teoría de que, aún en el plano de la religión, el pasado mesoamericano era
digno de una gran civilización. Es inútil añadir que esta manera de
rehabilitación fue bien recibida por los indígenas aculturados.
Más
adelante, y hasta la independencia, criollos como Sigüenza y Góngora o
Servando de Mier se aprovecharon de la "Pluma rica", del "Fenix
del Occidente" asimilado a San Tomás para exaltar el pasado americano y
forjarse una conciencia nacional distinta de la de España. Persiste hasta hoy
en México esta tendencia nacionalista con algunos cambios, en particular el
abandono de la referencia a Santo Tomás o a cualquier influencia del Viejo
mundo. En adelante será un sabio auténticamente indio lo que quieren reconocer
en Quetzalcóatl quienes niegan la ausencia en la América antigua de grandes
reformadores religiosos creadores de alta espiritualidad, comparables a los
que fueron engendrados en otras partes por milenios de civilización y de
intercambios entre culturas distintas. Opina Chavero (1887) que Quetzalcóatl
fue un gran rey y un reformador equiparable con Akhenatón entre los egipcios.
En los Estados Unidos Spinden (1948) describe al dios coma "la mayor figura
de la antigua historia del Nuevo Mundo, con su código ético y su amor por las
ciencias y las artes". Laurette Séjourné lo califica como fuente de toda
vida espiritual en Mesoamérica.[1]
Una
corriente popular exagera esta tendencia tiñéndola de esos vanos sentimientos
de culpa muy en boga en los años ‘60 y ‘70. Son muchos los dibujos animados
o las tiras ilustradas en los que Serpiente Emplumada se presenta como dueña de
un saber muy superior al de los españoles de la Conquista, saber que estos se
esforzaron por negar y destruir.
En el
lado opuesto tenemos la tendencia difusionista extrema que no admite que las
civilizaciones precolombinas se hayan desarrollado aisladas del resto del mundo.
El dios pálido y barbado sirvió de argumento para los que asignan a esas
culturas un origen o por lo menos influencias europeas (Gordon 1971; Heyerdahl
1971), africanas (Anta Diop 1967), asiáticas o oceánicas, sin hablar de los
supuestos continentes perdidos de la Atlántida o de Mu, o de extraterrestres.
Basándose en similitudes imaginarias o más o menos aceptables, investigadores
serios a bromistas identificaron a Quetzalcóatl con Atlas, Osiris, Baco e
incluso Hotu Matúa, poblador de la isla de Pascua. Ya vimos cuanto éxito tuvo
Santo Tomás. Pero también se cita a San Brandano, y mormones mencionaron
incluso a Jesucristo, apoyándose en un texto de Ixtlilxóchitl (Texto 13;
Hunter y Ferguson 1950). Brasseur de Bourbourg (1868) compara con el Horus
egipcio, veremos que no totalmente sin motivo. Según Toung Dekien (1924),
Quetzalcóatl era Buda o un mago oriental, según otros un misionero brahmánico
(ver Wauchope 1962) o islandés (Orozco y Berra 1960 [1880], 1: 86-8) o incluso
un mensajero del planeta Venus (Charroux 1968). La Serpiente les encantaba a
todos y en particular hoy en día a los historiadores y a los especialistas de
religiones, a estos porque les ofrece una inesperada figura de reformador
religioso prehispánico, y a aquellos porque creen que les permite remontarse más
en el pasado mesoamericano.
Resumen
de las principales civilizaciones de Mesoamérica
Bien puede ser que hubiera contactos ocasionales entre el Viejo Mundo y
Mesoamérica. Sin embargo, en lo esencial las civilizaciones amerindias se
desarrollaron de manera independiente. Veamos brevemente su historia para estar
en condiciones de situar Serpiente Emplumada en su contexto.
En el
estado actual de los conocimientos, la presencia del hombre en México puede tal
vez remontarse a más de 30.000 años.[2]
Cazador-recolector primero, llegó a ser agricultor a lo largo de los mílenios
que precedieron nuestra era. Durante el 2000 a.C., vive en pueblos ya
estratificados. Cinco o seis siglos después nace la primera gran civilización
llamada de los olmecas.
San
Lorenzo, La Venta, Tres Zapotes, principales sitios olmecas, están ubicados en
las selvas y los pantanos de Veracruz meridional y de Tabasco. Estos amplios
centros ceremoniales se componen de montículos cónicos o de pirámides
escalonadas, de canchas de juego de pelota y otros edificios ordenados alrededor
de grandes plazas. La escasez de la piedra hizo que los edificios se
construyeran con tierra y de materiales perecederos. Bloques de piedra
importados desde la lejana región de los Tuxtlas eran aprovechados para la
construcción de tumbas reales, de recintos ceremoniales, de canales para
alimentar estanques lustrales, especialmente para monumentos de alta calidad
coma estelas, tronos o "altares", sarcófagos, estatuas... Esculpidos
en alto, bajo o pleno relieve celebran la gloria del soberano y de los poderosos,
del hombre o del dios-jaguar, de los sacerdotes. Representan rituales de
fertilidad destinados a deidades de la lluvia y a la tierra asimilada al felino.
Los olmecas esculpieron además hachas, figurillas y objetos diversos en piedras
semipreciosas, de las cuales era el jade la más preciada. Hay escenas complejas
pintadas en paredes, su cerámica es sobria y vigorosa, lo mismo que todas sus
manifestaciones artísticas. Se encuentran glifos pictográficos o ideográficos
en algunos de sus objetos. Gran parte de México y de América central estuvo
influida por la civilización olmeca. Cuna de las culturas mesoamericanas,
desapareció o se transformó en las culturas post-olmecas y maya alrededor del
cuarto siglo antes de Cristo.
Surgieron
entonces otros centros, por ejemplo Izapá en el área maya. Luego hacia el fin
del período preclásico, se desarrolla toda una serie de civilizaciones
diversas. Llegan a su apogeo durante el Clásico, o sea aproximadamente en el
primer milenio después de Cristo. En esta época las civilizaciones
mesoamericanas se presentan con todas sus características comunes: una
agricultura basada esencialmente en el cultivo del maíz, del frijol y de la
calabaza y, para el vestido de lujo, en el del algodón; pirámides escalonadas,
suelos cubiertos de capas de estuco, canchas de juego de pelota; libros de piel
o de papel y sistemas de registro del saber y escritura; empleo simultáneo de
dos calendarios que coinciden cada 52 años: solar el uno, con 365 días,
divinatorio el otro de 260 días. La ausencia casi completa de animales domésticos
(exceptuando el perro y el pavo) o de tracción resultó en que no utilizaran la
rueda ni sus derivados. Son civilizaciones neolíticas: la metalurgia no aparece
sino tardíamente, en el siglo VIII o IX, y quedará siempre restringido el uso
práctico de los metales.
La península
de Yucatán y Guatemala y Belize al este constituyen el núcleo del área maya,
famoso por sus centenas de ciudades-estados, sus variados estilos artísticos y
de arquitectura, sus complejas inscripciones glíficas en las cuales se combinan
pictografía y notación fonética. Entre los sitios principales cabe mencionar
Los Cerros, Lamanai, El Mirador, Tikal, Uaxactún... en el Preclásico; Tikal,
Dzibilchaltún, Uaxactún, Kaminaljuyú, Copán, Quiriguá en el Clásico
temprano (250-600); Tikal, Copán, Quiriguá, Piedras Negras, Yaxchilán,
Palenque, Seibal, Lubaantún, Edzná, Río Bec en el Clásico tardío (600-900).
Chichén Itzá, Uxmal y otros sitios de estilos Puuc y maya-mexicano pertenecen
al Clásico tardío también pero al parecer sobrevivieron hasta el Postclásico
temprano (900-1200).
Los
edificios públicos hechos de piedra: templos-pirámides, estructuras bajas o
palacios, se caracterizan notablemente por el uso de bóvedas falsas. Los
relieves de estelas, altares, paneles, las pinturas murales o sobre vasijas
proclaman la gloria de las dioses y de sus reales representantes sobre la tierra,
en un estilo cada vez más realista y animado. Los flanquean textos que hablan
de la vida del soberano y de su piedad, de sus hazañas auténticas o míticas,
de sus alianzas matrimoniales. Los datos cronológicos, muy precisos, dan
testimonio de unos conocimientos astronómicos asombrosos. Las vasijas pintadas
con escenas al parecer principalmente míticas ilustran las aventuras de los
gemelos heróicos, conocidos por otra parte gracias al Popol Vuh, libro
fundamental de los antiguos quichés. Los mayas labraban además maravillosos
jades, objetos de hueso, de pedernal o de obsidiana, modelaron el estuco y
tallaron la madera en mediorrelieve.
Después
de una primera fase de decadencia en varias ciudades en el siglo VI, durante la
cual se erigieron pocos monumentos fechados, la civilización maya decayó
brutalmente en el siglo IX, al cabo parece de guerras, tal vez de una catástrofe
ecolóciga y de cun colapso demográfico aún inexplicado. Las dificultades
cada vez más dramáticas para continuar las grandes obras de intensificación
de la agricultura desembocaron posiblemente en hambres y revoluciones e incluso
facilitaron las invasiones. En esta época se dejó sentir con fuerza el impacto
de los pueblos del Altiplano mexicano y sus efectos resultaron duraderos.
Al oeste
del istmo de Tehuantepec, la historia y la cronología son mucho menos conocidas.
Las inscripciones son poco frecuentes y se descifran mal, a excepción de las
fechas, desgraciadamente poco precisas por falta de computo a partir de una
fecha cero. Hay que añadir que en aquellas regiones la escritura está mucho más
vinculada a la imagen que entre los mayas.
Hacia el
sur, Oaxaca es el país de los zapotecas y mixtecas. Tuvieron gran importancia
aquellos durante la época clásica. Su ciudad principal, Monte Albán, surge
alrededor del 500 a.C. y llega al apogeo entre 300 y 700 d.C. Luego declina
pronto. Además de los edificios acostumbrados, erigidos en un estilo muy
particular, hay tumbas subterráneas muy importantes cubiertas por palacios de
reducido tamaño. Relieves empotrados en las paredes de las estructuras relatan
las conquistas de los reyes y sus esfuerzos diplomáticos; los murales
glorifican su linaje real; las urnas de barro en forma de figuras muy adornadas
hacen visible el mundo sobrehumano. Tras la caída de Monte Albán otras
ciudades ocupan su lugar hasta la llegada de los españoles, como Lambityeco,
Zaachilá, Yagul o Mitla. Mientras tanto se impone la influencia mixteca. La
historia de los mixtecos la conocemos bastante bien gracias a sus manuscritos
figurativos que relatan los acontecimientos de ciudades-estados como Tilantongo,
Yanhuitlan, Coixtlahuaca etc.
En la
civilización clásica llamada "totonaca" o de la Costa del Golfo hay
menos grandes ciudades con edificios de piedra imponentes a excepción de
lugares como Filo Bobos o El Tajín. Este último centro, fundado tal vez
alrededor del comienzo de nuestra era, llega al apogeo siete o ocho siglos después.
Sobresalen las estructuras con decoración geométrica, variada y rítmica, con
juegas de luz y sombra, como en el Edificio A, una pirámide de rara belleza
enteramente adornada con pequeños nichos cuadrados. Hay numerosas canchas de
juego de pelota con relieves mítico-rituales. Esta cultura produjo espléndidas
estatuas realistas de barro además de esculturas llamadas "yugos",
"hachas" y "palmas" por su forma particular. Sorprenden
estas obras por la maestría en la adaptación de la decoración a la forma .
No hay
duda de que la civilización más prestigiosa del México clásico fue la de
Teotihuacan. Esta ciudad ubicada en el Valle de México viene a ser sumamente
poderosa en los primeros siglos d.C. A esta época pertenecen las famosas
pirámides del Sol y de la Luna. Entre 300 y 600 se produce el apogeo de la
ciudad. Su población alcanza posiblemente la cifra de 100.000 habitantes. El plano cuadrado,
los millares de palacios y de complejos de habitación rectangulares, las
majestuosas avenidas que se cortan en ángulo recto atestiguan un extremo deseo
de orden y de organización del mundo. El anhelo teotihuacano era someter la
aparente anarquía de la naturaleza a la cultura y a un orden divino de rigor y
armonía. El arte en su totalidad responde a este deseo de formas puras,
abstractas, geometrizantes. En la arquitectura a partir del siglo III en
adelante, los cuerpos superpuestos de las pirámides escalonadas muestran el
perfil llamado de "talud-tablero": un tablero vertical rodeado de
anchas molduras descansa sobre un talud bajo. La gran escultura integrada en la
arquitectura se inspira a veces con este modelo y queda de todas maneras
prisionera del bloque de piedra. En cuanto a la expresión artística principal
de los teotihuacanos, la pintura mural o sobre cerámica, da también la impresión
de ser sumamente ordenada, constante, construida, intemporal, de escapar a la
contingencia. Su contenido es religioso, como el de la escultura o la cerámica.
Se representan dioses — pero enmascarados, ocultados—, procesiones de
sacerdotes o de guerreros, animales mitológicos, siempre estilizados, hieráticos
y estáticos, por lo menos cuando figuran en las partes principales de la
composición. Evitan escenas explícitas : tenemos por ejemplo alusiones al
sacrificio humano pero ninguna representación del acto. Hay ritmo, equilibrio,
simetría, repetición, como si fueran letanías o incantaciones. Se introducen
glifos y símbolos abstractos para enriquecer el significado. Cabe subrayar sin
embargo que se echan de menos inscripciones y fechas.
Dos deidades de Teotihuacan parecen
primordiales. El casi omnipresente Tláloc es el dios de la tierra y de la
lluvia y el señor del Tlalocan, un paraíso donde van los difuntos elegidos por
él. Se puede admitir que le relacionaban simbolicamente con la luna y la noche,
vinculada ésta con la estación de lluvias, lo mismo que el Tláloc azteca de
quien recibió su nombre. Algunos murales y principalmente los relieves de la
pirámide de Quetzalcóatl le asocian intimamente la serpiente emplumada cuyo
papel en la metrópoli debió de ser de primera importancia. Dicha pirámide,
construida en el siglo II, se encuentra en el corazón de la "Ciudadela",
un complejo que se puede suponer era el centro administrativo de la ciudad. Está
flanqueada por dos palacios, posiblemente los de los dos reyes de la ciudad si
es que en aquella época, como lo fue más tarde, el poder era bicéfalo, con un
rey asociado al día, al sol, a los asuntos exteriores y a la guerra, y el otro
a la noche, la tierra, la luna y los asuntos internos. Posiblemente el edificio
con su ornamentación de serpientes enplumadas cuyas cabezas alternan con caras
de Tláloc, simbolizaba la unión de los contrarios: del cielo azul representado
por la serpiente de plumas de quetzal y de la tierra-noche.
Teotihuacan era el centro de un extenso
imperio. Su influencia llegaba hasta los confines del mundo mesoamericano. Se
crearon variaciones del talud-tablero en Oaxaca, en el Valle de Puebla, en
Michoacán y en la Costa del Golfo. Eran estrechas las relaciones con la Costa y
Monte Albán. Sin embargo es en el área maya donde se produjo el impacto más
fuerte, en particular en las Tierras Altas que fueron al parecer una verdadera
colonia de Teotíhuacan.
La metrópoli fue asolada en el siglo
VII y su centro quemado; desde entonces declinó continuamente pero dejó
huellas duraderas en el recuerdo. Por eso varios pueblos más recientes, como
mexicas, totonacas, mixtecas y mayas quichés, dan comienzo a su historia
alrededor del 700 d.C. Es además
en las ruinas de Teotihuacan donde el mito sitúa la creación de la presente
era.
La caída de Teotihuacan permitió un
gran florecimiento de ciudades como Cholula y El Tajín. Y por primera vez
fueron los mayas los que influyeron en los mexicanos. No hay duda alguna de que
Xochicalco (Morelos) y Cacaxtla (Puebla) tuvieron relaciones continuas con la
brillante civilización oriental. Cacaxtla fue incluso ocupada en el siglo VIII
por un grupo de invasores mayas. La simbiosis de los autóctonos mexicanos con
los advenedizas generó la conocida división bipartita del poder entre los
invasores y los autóctonos, diarquía magistralmente ilustrada en los murales
de estilo maya del Edificio A. Es cierto que los glifos son mexicanos pero el
hecho se explica puesto que estaban destinados a un público autóctono. Se ve
por un lado un rey maya disfrazado de águila y llevando su típica barra
ceremonial; está relacionado con la luz, el sol — incluso lleva el nombre
calendárico des sol entre les mexicas, 13 Caña —, la estación seca, el maíz
maduro que se cosecha al comienzo de la temporada y sobre todo con la serpiente
emplumada. Por otro lado tenemos un rey con rasgos indudablemente mexicanos. Va
vestido de jaguar y se le asocia a la lluvia, a Tláloc, al planeta Venus, al maíz
tierno y a la serpiente-felino. Se puede suponer que éste se ocupaba de los autóctonos
y aquél de los asuntos internacionales.
En Xochicalco también la serpiente
emplumada juega un papel de primera importancia en los relieves del edificio
principal. Ahora bien, no está asociada al día, como en Cacaxtla, sino al
alba, simbolizada aquí por el glifo 9 Ojo de Reptil, nombre calendárico de la
estrella matutina.
Hacia el setecientos se producen los
comienzos de Tula (Hgo), al noroeste de la ciudad de México. Es cerca de esta
ciudad donde más tarde los aztecas hicieron nacer su dios solar,
Huitzilopochtli, y su nueva edad. Era esta también la urbe que consideraron
como la espléndida y legendaria Tollan, la capital de los toltecas. Llegó a su
apogeo entre el 900 y el 1100 d.C., luego declinó y fue saqueada, quizá por
invasores bárbaros o "chichimecas".
Las ruinas de Tula carecen de la majestad y la amplitud de las de Teotihuacan.
Los relativamente pocos edificios públicos son menos ambiciosos, la calidad de
la escultura deja que desear, la cerámica es más bien pobre. En una palabra,
estamos lejos de las ditirámbicas descripciones de los toltecas creadores y dueños
de todas las artes. La temática de los relieves se relaciona con la guerra y el
sacrificio humano: hay procesiones de guerreros o de águilas y tigres comiendo
corazones humanos, culebras tragando esqueletos, pájaros-serpientes-felinos
tragando o devolviendo calaveras. En pleno relieve destacan esculturas
funcionales como atlantes o portaestandartes y altares de sacrificio de un tipo
particular, en forma de personaje semi-recostado, arbitrariamente llamados
chacmooles.
Las mismas características del arte y
de la arquitectura de Tula se encuentran a mil kilómetros de allí, en Chichén
Itzá, en el norte de Yucatán. Pero es en Chichén donde el estilo llegó a su
cúspide después de una evolución que al parecer no se conoce en Tula. Surge
entonces la pregunta: ¿ qué ciudad influyó a la otra ? ¿ Debemos
atribuir los rasgos mexicanos de Chichén a una influencia de Teotihuacan,
siendo Tula una copia tardía de Chichén o será al contrario ? Es un
problema muy discutido y crucial. Digamos desde ahora que para solucionarlo es
preciso que se hagan varias nuevas excavaciones, llevadas a cabo con el
imprescindible rigor científico y desprovistas de cualquier idea preconcebida.
La caída de Tula alrededor del 1200
marca el fin del Postclásico temprano. Entran luego en la escena del
Altiplano los invasores nómadas o seminómadas llamados chichimecas, por lo
menos a cuenta de las fuentes escritas. Asolan la tierra, luego se asientan y se
aculturan, fundan ciudades o se apoderan de ellas. Quizás se organizan primero
en forma de imperio y luego en pequeños reinos. En adelante les llamaremos
aztecas, según el nombre de la isla mítica de donde se dice que salieron,
Aztlan.
Los mexicas fueron los últimos
aztecas-chichimecas en arribar al Valle de México. Sus tradiciones relatan que
después de su salida de Aztlan, erraron durante siglos guiados por su dios
protector, el Colibrí zurdo. Les prometió una tierra desde donde dominarían
al mundo. Tras muchas desventuras, tuvieron por fin en la laguna del Valle la
visión del águila comiéndose a una culebra sobre un nopal. Era la señal de
la tierra prometida: allí debía fundarse su ciudad: Mexico Tenochtitlan. Poco
después, otro grupo mexica fundó la ciudad-hermana de Tlatelolco.
Estamos en el siglo XIV. El Valle
estaba entonces dominado por los tepanecas de Azcapotzalco, los cuales
acababan de eliminar a sus principales oponentes, los acolhuas, en el lado
oriental del Valle. Siempre según sus relatos, primero los mexicas sirvieron
bajo los órdenes de los tepanecas, lo que no les impidió eligir un gobernante
en la casa reinante de la vecina ciudad de Colhuacan, cuyos reyes eran
supuestamente de la dinastía de Tollan y por lo tanto herederos legítimos del
imperio tolteca.
Los mexicas se acordaron de las
promesas de su dios. Fueron guerreros tanto más temibles cuanto se consideraron
los encargados de una misión cósmica. A ellos les pertenecía la tarea de
asegurar la marcha del universo, el curso diario del sol y la fertilidad de la
tierra, la alternancia del día y de la noche, de la estación seca y de la de
las lluvias. Por ello debían sin cesar alimentar al sol y a la tierra con
corazones y sangre humanos, y para conseguir víctimas que sacrificar era
preciso hacer la guerra.
En los principios del reino de Itzcóatl,
en 1428, se presentó una oportunidad única para sus deseos hegemónicos.
Apoyaron a los acolhuas en su lucha contra Azcapotzalco y con la ayuda de
fuerzas del valle de Puebla consiguieron aniquilar a los tepanecas y apoderarse
de su reino. Con Texcoco y Tlacopan, una pequeña ciudad tepaneca, formaron
una Triple Alianza en la cual se reservaron la mejor parte. Se lanzaron a la
conquista del mundo y las victorias fueron continuas. Itzcóatl y sus sucesores,
Moteczuma I, Axayácatl, Tízoc, Ahuítzotl y Moteczuma II sometieron los últimos
estados independientes del valle y los valles circundantes, conquistaron las
tierras zapotecas y mixtecas, el Guerrero y la Costa del Golfo y siguieron hasta
los límites del área maya. Resistió el poderoso reino tarasco al occidente y
subsistieron algunos señoríos libres en el imperio, por ejemplo la "república"
de Tlaxcala, ligada con Mexico desde los años 1450 por un acuerdo según el
cual los dos estados no lucharían sino en "guerras floridas"
destinadas a asegurarse mútuamente el abastecimiento regular de cautivos que
sacrificar.
Las
consecuencias del acuerdo fueron catastróficas. A los tlaxcaltecas les resultó
cada vez más difícil respetar los términos del mismo a medida de que aumentó
el poderío mexica y acabaron por estar rodeados por todas partes. Por último
se aliaron con Cortés para aniquilar el imperio y asolar su orgullosa capital,
que se había convertido en una metrópoli más importante que Teotihuacan en
su apogeo.
El
calendario mexicano
Antes de terminar este resumen del
pasado mesoamericano, hace falta explicar los mecanismos del sistema de computo
del tiempo. Una característica de estas civilizaciones es el empleo simultáneo
de dos calendarios. El primero, llamado xiuhpohualli, "cuenta de
los años" era solar y constaba de 18 "meses" de 20 días cada
uno. Se sumaban cinco epagómenos nefastos, los nemontemi, para llegar al
total de 365 días. El otro ciclo, el tonalpohualli o "cuenta
de los días", se dividía en 13 veces 20 días o sea 260. Cada día de la
serie de 20 tenía su nombre o signo. Entre los aztecas los nombres eran los
siguientes:
cipactli (cocodrilo), ehecatl (viento), calli
(casa), cuetzpallin (lagarto), coatl (culebra), miquiztli (muerte),
mazatl (venado), tochtli (conejo), atl (agua), itzcuintli
(perro), ozomatli (mono), malinalli (hierba seca), acatl (caña),
ocelotl (jaguar), cuauhtli (águila), cozcacuauhtli (zopilote),
ollin (movimiento), tecpatl (pedernal), quiahuitl (lluvia),
xochitl (flor).
Soustelle (1940: 80) explica breve y claramente el funcionamiento de
la cuenta de los días: "Estos signos se suceden indefinidamente, siempre
con el mismo orden sin ninguna clase de interrupción. Con cada signo se
relaciona una cifra pero la serie no llega más allá del 13. Consecuentemente
si se comienza por 1 cipactli se llega a 13 acatl y se continúa por 1 ocelotl,
etc., ... sin ninguna interrupción. Como 20 no es divisible por 13, la fecha 1
cipactli no volverá sino al cabo de (13x20) o sea 260 días. [...] Es preciso
acordarse de que la continua sucesión de las fechas del tonalámatl y la de las
fechas del año solar no tienen influencia recíproca alguna. Son dos series
paralelas indefinidas. Se puede designar cada día por referencia a los dos
sistemas: por ejemplo, 8 cipactli 3 toxcatl, es decir 8° día de la
serie de 13, día cipactli, tercer del mes toxcatl, igual que nosotros
decimos: lunes, 4 de enero." Hay que precisar que el doble método para ubicar el día sólo
está comprobado antes de la Conquista entre los mayas y los zapotecas. En el
Altiplano mexicano se designaban los días únicamente por su nombre y su cifra.
Faltan glifos de veintenas ("meses") tanto en las fuentes epigráficas
como en los códices precortesianos.
Cuadro
I. El tonalpohualli
|
|
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||||||||||||
|
cipactli (cocodrilo) |
1 |
8 |
2 |
9 |
3 |
10 |
4 |
11 |
5 |
12 |
6 |
13 |
7 |
|
ehecatl
(viento) |
2 |
9 |
3 |
10 |
4 |
11 |
5 |
12 |
6 |
13 |
7 |
1 |
8 |
|
calli (casa) |
3 |
10 |
4 |
11 |
5 |
12 |
6 |
13 |
7 |
1 |
8 |
2 |
9 |
|
cuetzpallin (lagarto) |
4 |
11 |
5 |
12 |
6 |
13 |
7 |
1 |
8 |
2 |
9 |
3 |
10 |
|
coatl (serpiente) |
5 |
12 |
6 |
13 |
7 |
1 |
8 |
2 |
9 |
3 |
10 |
4 |
11 |
|
miquiztli
(muerte) |
6 |
13 |
7 |
1 |
8 |
2 |
9 |
3 |
10 |
4 |
11 |
5 |
12 |
|
mazatl (venado) |
7 |
1 |
8 |
2 |
9 |
3 |
10 |
4 |
11 |
5 |
12 |
6 |
13 |
|
tochtli (conejo) |
8 |
2 |
9 |
3 |
10 |
4 |
11 |
5 |
12 |
6 |
13 |
7 |
1 |
|
atl (agua) |
9 |
3 |
10 |
4 |
11 |
5 |
12 |
6 |
13 |
7 |
1 |
8 |
2 |
|
itzcuintli (perro) |
10 |
4 |
11 |
5 |
12 |
6 |
13 |
7 |
1 |
8 |
2 |
9 |
3 |
|
ozomatli (mono) |
11 |
5 |
12 |
6 |
13 |
7 |
1 |
8 |
2 |
9 |
3 |
10 |
4 |
|
malinalli (hierba) |
12 |
6 |
13 |
7 |
1 |
8 |
2 |
9 |
3 |
10 |
4 |
11 |
5 |
|
acatl (caña) |
13 |
7 |
1 |
8 |
2 |
9 |
3 |
10 |
4 |
11 |
5 |
||